Artículo · Los órdenes del amor

Los órdenes del amor: la pertenencia

El primer orden del amor: todos pertenecemos. Por qué la exclusión es el origen de las dinámicas que se repiten de generación en generación.

TemaLos órdenes del amor
EnfoqueConstelaciones familiares
EscribeCarlos Guevara Martínez
Todos tenemos un lugar en el sistema familiar.
— Bert Hellinger
El primer orden

¿Por qué la pertenencia es el primer orden del amor?

La pertenencia es el primer orden del amor en las Constelaciones del Espíritu. ¿Por qué Hellinger mueve este orden al primer lugar? Cabe destacar su experiencia dentro de la tribu zulú y la cheroqui.

Cuando inician las constelaciones del alma, en esa imagen arcaica del sistema familiar la pertenencia era condicionada. Es decir: «si tú hacías lo que era bueno para el sistema, entonces pertenecías».

Cuando Hellinger tiene contacto con la tribu cheroqui y comienza a mirar las relaciones y los vínculos dentro del sistema, aparece un personaje importante, que quizás desde otra mirada es el gran excluido, y él se percata de cómo es tratado. El asesino del sistema, que para el mundo está apartado, en esta tribu no lo está: se incluye, pertenece, tiene sus funciones. Entonces el maestro llega a la comprensión de que la pertenencia es el eje central de la constelación: todos pertenecemos.

Si todos pertenecemos, ¿por qué existe la exclusión?

Cuando observamos las dinámicas familiares que se repiten de generación en generación, todas son por el mismo problema: la exclusión.

Aquí me detengo para explicar. Si partimos del hecho de que todos pertenecemos, ¿por qué entonces existe la exclusión? Porque es mental. El ego es el que excluye, porque le dice a ese personaje: «yo soy mejor que tú, por lo tanto no puedes estar acá».

Desde esa imagen mental del vacío, yo pretendo ocupar otro espacio y asumir otras funciones, dejando las mías abandonadas. Aquí comienza el ciclo de repeticiones.

¿Cuál es el trabajo para sanar?

Mirar con respeto y dignidad los vínculos dentro de la familia.

Cuando alguien no es reconocido en su vínculo natural con la familia ni se respeta el lugar que le corresponde, toda la familia sufre las consecuencias, incluidos los miembros que no saben nada de lo ocurrido.

Cada uno tiene su espacio en el sistema familiar. Por eso, cuando trazamos un árbol genealógico o un genograma, le reconocemos su vínculo y lo que aportó para que llegara la vida a nosotros.

Carlos Guevara Martínez

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