El segundo orden del amor: prevalece quien llega primero. Qué pasa cuando dejamos nuestro lugar de hijos o de hermanos por amor ciego.
El segundo orden del amor es la jerarquía. Esta nos indica la prevalencia que tiene el que llegó primero al sistema familiar. Es decir, sobre nosotros, a nivel jerárquico, se encuentran nuestros padres. De igual manera ocurre con los hermanos: cada uno tiene su lugar, aunque no haya llegado a la vida; por ejemplo, un aborto.
Cuando hay transgresión de ese orden, la vida no fluye de manera perfecta hacia mí. El desorden viene dado a través del amor ciego. ¿Qué quiere decir exactamente esto?
En el caso de los hijos hacia los padres, los amamos tanto que, en vez de quedarnos en nuestro lugar (ser hijos), nos movemos a otros espacios energéticos: pareja, amigo, hermano, inclusive sus padres. Todo esto trae como consecuencia, en primer lugar, que su amor hacia mí no fluye; y en segundo, que inicia la crítica hacia ellos y hacia la vida tal como fue dada.
En el caso de los hermanos también se ve el desorden. Pongamos el caso: el primer hijo es un aborto, nace el segundo y para «todos» —padres, abuelos, sociedad— es el hijo mayor.
¿Qué sucede con este segundo hijo? Comienza a cargar responsabilidades de su hermano que no le competen; le cuesta la vida y, por ende, ser feliz. El hijo número uno tiene características de líder; en cambio el segundo, de amiguero.
Cuando nos mantenemos en jerarquía, ocupando el lugar que nos corresponde, la vida será mucho más fácil y podremos respetar el destino de cada miembro del sistema familiar.
Carlos Guevara MartínezA los diez días del mes de enero, en la Ciudad Dorada
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