Sexo, amor, orden, equilibrio y cosas en común. Cinco apoyos que sostienen el vínculo de pareja desde la mirada de las constelaciones familiares.
Sin sexo no hay pareja. Hellinger nos comenta que el sexo es la fuerza creadora del universo. Lo primero que me atrae de mi pareja es su energía sexual, desde el punto de vista del cerebro reptil, es decir, de la sobrevivencia. Me uno al otro por un deseo inconsciente de procrear (funciona igual en la pareja homosexual).
Por lo tanto, si el sexo falla, debemos revisar el desorden del sistema en cuanto a lo transgeneracional. Por ejemplo: abusos sexuales, amantes, celibatos, votos.
Pueden pensar que este primer pilar es muy básico y hasta superfluo. Pero no lo es. La pareja viene de la etimología «par», es decir, iguales.
¿Qué quiere decir esto? Que se localiza en la generación de mis hermanos. ¿Qué puede diferenciar a mi hermano de mi pareja? El sexo. Si no tengo sexo con mi pareja, poco a poco la iré colocando en un lugar de hermano.
Después del sexo viene el amor. En este puede haber varias facetas.
En amor miento es la primera: solo veo lo bonito y no muestro mi otro lado.
En el amor a segunda vista comienza el proceso de colusión. Las preguntas son: ¿qué me muestra mi pareja? ¿Qué debo mirar en mi sistema familiar?
Hellinger nos dice: amar en lo fácil y amar en lo difícil. ¿Desde cuál lugar emana el amor?
El amor se construye a diario. Ahora miro lo bonito y también aquello no tan bonito que el otro me muestra.
¿Soy el hijo de mi pareja? ¿Soy el padre de mi pareja? ¿Desde cuál lugar realizo mi transacción emocional con mi pareja?
El hombre inicia el orden, la mujer lo sostiene. Lo femenino siempre será el mayor grado de conciencia; de ella es otra tarea ardua: la de mantenerse en su lugar. No ser la madre ni la hija de su marido.
La vida está llena de compensación. Si no hay equilibrio en las relaciones, estas terminan finalizando.
Es la tercera ley para la vida del maestro Hellinger, en su axioma: de lo bueno, un poco más; de lo malo, un poco menos. Por lo tanto, siempre hay que compensar.
Este equilibrio empieza por los padres. Ellos me dan la vida y, como no puedo compensar lo que ellos me dieron, luego de tomarla yo me volteo y avanzo para dar lo que ya he tomado de ellos.
Si no he tomado a mis padres, cuando llegue la relación puedo estar en dos bandos: desde el niño que reclama, o desde el padre que dará lo que él no tuvo en su infancia.
Por eso el orden y el equilibrio van de la mano. ¿Desde dónde estoy dando? ¿Desde dónde estoy tomando?
Como hombres y como mujeres tenemos una esfera propia de nuestro sexo biológico (lo masculino y lo femenino), así seamos homosexuales.
Cuando dos personas se unen para conformar un sistema, van creando una nueva conciencia: la unión de sus conciencias de origen. Aquí ingresa el convivir. Aunque el hombre comparta con su esfera y la mujer con la suya, para tomar un aire y repotenciarse, se deben ir construyendo cosas que interesen a ambos, de tal modo que como pareja puedan edificar su campo mórfico y su sistema nuevo.
Al fallar uno de estos pilares, ingresa la energía del amante. Ya hablaremos en otro artículo sobre este tema tan mágico y poderoso.
Los pilares están. Recuerda siempre repotenciarlos y piensa en cuál podría estar la dificultad. Conversar con tu pareja es lo ideal: el tema es de ambos.
Amar en pareja es una decisión diaria.
Carlos Guevara MartínezA los diecisiete días del mes de febrero, en la Ciudad Dorada
Si quieres mirar tu relación de pareja desde tu sistema familiar, puedes hacerlo en una sesión individual o en los próximos talleres de constelaciones familiares en Logroño.
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